Capitulo 5 - Milagro de Amor
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Él la odiaba.
Podía verlo claramente en su mirada, en la rabia que transmitían sus ojos. Se volvió con lágrimas en los ojos y dijo:
—Voy a poner agua a hervir.
Entonces, Mia comenzó a llorar de nuevo y Abril gimoteó también. Ella dejó la tetera sobre la placa y se volvió hacia Mia.
—Vamos, cariño —murmuró antes de tomarla en brazos.
La pequeña comenzó a tirar de su ropa.
Cielos. Tenía los pechos hinchados, las pequeñas necesitaban tomar el pecho y Pedro… Pedro, el hombre que conocía su cuerpo mejor que ella, estaba sentado mirándola de manera inquietante.
—Tengo que darle de comer —dijo ella. En ese momento, Abril comenzó a llorar también—. A las dos.
—Te ayudaré.
—No creo que puedas. No tienes el equipo necesario —dijo ella con cierta frivolidad, provocando que él se sonrojara.
—Um… Toma —le tendió a Abril—. Yo… Um…
—Siéntate, Pedro —dijo ella, y se dirigió al sofá que había junto a la ventana.
Al fin y al cabo, él no iba a ver nada que no hubiera visto antes. Ella se sentó, acomodó a cada niña a un lado, se desabrochó el sujetador y les ofreció el pecho a la vez.
Él no sabía dónde mirar.
Pero sí sabía dónde quería mirar. De hecho, no conseguía apartar la mirada, pero no le parecía educado.
—El agua está hirviendo. Me encantaría tomar una taza de té —dijo ella, y él se percató de que lo estaba mirando.
—Ah… Claro.
Pedro se puso en pie, se dirigió hasta la cocina económica y agarró la pava.
—¿Dónde están las tazas?
—Sobre el fregadero. El té está en el tarrito, junto a la cocina, y la leche está en la nevera que hay en la despensa. Al mío échale un poco de agua fría, por favor.
Pedro colocó las bolsitas de té en las tazas, les echó una nube de leche y le llevó a Paula su taza.
—Gracias. Déjala sobre la mesa —dijo ella.
Pedro se fijó en cómo mamaban las pequeñas y en que Paula tenía los pechos mucho más grandes de lo habitual.
A través de la piel se veían sus venas azules, y eso le resultaba fascinante. Todo le parecía correcto y normal.
Sin embargo, se sentía excluido.
Excluido y privado de aquel maravilloso acontecimiento que había sucedido sin él.
Engañado.
Se volvió y se dirigió a la cocina económica con su taza en la mano, permitiendo que el calor invadiera sus huesos. Estaba helado a causa de la exclusión. Y enfadado.
Tan enfadado que sentía ganas de golpear algo.
¿Una puerta? ¿Una pared? A Pau no. Nunca haría tal cosa, por mucho que ella lo enfureciera.
—¿Pedro?
Él se volvió para mirarla.
—¿Puedes sujetarme a Mia? Ha terminado, pero tiene que echar los gases. ¿Podrías pasear con ella en brazos? Ah, y será mejor que lleves esto, puede que eche un poco de leche sobre ti.
Le dio un paño blanco antes de pasarle a su hija. Su preciosa hija. La pequeña no dejaba de sonreír, pero de pronto eructó y él sonrió antes de limpiarle la boca con una esquina del paño.
—Pillina —dijo él en tono cariñoso, y la pequeña le agarró la nariz—. Eh, con cuidado —murmuró, retirándole la mano. Después agarró la taza de té y se la llevó a los labios, pero la pequeña agarró la taza y se la tiró por encima.
Sin pensarlo, él retiró a la criatura con rapidez, pero no pudo evitar que el líquido le cayera por encima a él.
Estaba tan caliente que soltó un grito de dolor y Mia hizo una mueca y comenzó a gritar también. Agua. Necesitaba agua fría. La llevó hasta el fregadero y, por si acaso, metió la mano de la pequeña bajo el grifo. Paula dejó a Abril y se acercó corriendo.
—Dámela —dijo ella. Tumbó a la pequeña sobre la mesa y le quitó la ropa. No le había pasado nada, pero podía haber sido un desastre.
Paula estaba nerviosa, y se sentía inutil e irresponsable.
—¿Qué diablos estabas haciendo? ¡No puedes sujetar una taza de té hirviendo cuando tienes a un bebé en brazos!— gritó Paula.
Él dio un paso atrás, destrozado por la idea de haber puesto en peligro a su hija.
—Lo siento. No pensé que… ¿Está bien? ¿Hay que llevarla al hospital?
—No, no le ha caído encima. Está bien… Pero no gracias a ti.
—Tú me la diste.
—Pero no esperaba que le tiraras el té.
—No le ha caído encima.
—¡Por suerte! ¡Podía haberle caído toda la taza! Es la estupidez más grande de…
—¡Tú también tenías el té en la mano, con ellas en brazos!
—¡Pero el mío tenía agua fría! ¿Por qué crees que lo mezclé? - ambos bebés estaban llorando a la vez.
Pedro negó con la cabeza y dio un paso atrás.
—Lo siento —dijo él—. Pau, lo siento…
Él se pasó la mano por el cabello y se volvió, furioso consigo mismo por su estupidez.
—Toma, sujétala. Tengo que cambiarla de ropa. Iré a por ropa seca —se detuvo frente a él para mirarlo con los ojos humedecidos—. Está bien, Pedro. Sólo ha sido el susto. Siento haberte gritado.
—Ella podía haberse… —se calló.
—Ha sido un accidente. Sujétala. Vuelvo enseguida.
Pedro no se movió. Permaneció quieto hasta que ella regresó con los pañales y la ropa y le retiró al bebé de los brazos. Entonces, él se sentó, se cubrió el rostro con las manos y respiró hondo.
—¿Puedes tomar a Abril en brazos, por favor?
—¿Confías en mí? —preguntó él.
Ella sonrió.
—No me queda más remedio, ¿no? Eres su padre.
—¿Lo soy?
— Pedro, ¡por supuesto que lo eres! ¿Quién iba a serlo si no?
—No lo sé, pero quizá deberíamos hacerles la prueba del ADN.
Ella palideció.
—¿Para qué? No iba a mentirte sobre esto. Y tampoco voy a pedirte dinero.
—No estaba pensando en el dinero, estaba pensando en la paternidad. Y no se me había ocurrido que pudieras mentirme, pero tampoco se me había ocurrido que pudieras marcharte sin avisar para irte a vivir con otro hombre y tener dos hijas sin molestarte en contármelo. Está claro que no te conozco tan bien como creía y, sí, quiero hacer la prueba del ADN —dijo él—. Porque, aparte de todo lo demás, puede que sea útil para el juicio.
—¿El juicio? ¿Qué juicio? No voy a hacer nada para impedirte el contacto.
—Eso no lo sé. Puede que te vayas otra vez, que te escondas en otro lugar. Sé que te llevaste el pasaporte.
Pero por otro lado, si decides pedirme una pensión, quiero estar seguro de que son mis hijas a quienes les estoy dando el dinero.
Ella se quedó boquiabierta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—No te pongas a llorar —dijo él.
—Se me había olvidado lo bastardo que eres, Pedro. ¡No necesitas una prueba para demostrar que eres el padre! Estabas conmigo cada minuto del día cuando fueron concebidas. ¿Quién más podría haber sido?
Él se encogió de hombros.
—¿Andres Peletieri?
Ella lo miró y comenzó a reír.
—¿Andres? No. No, Andres no supone una amenaza para ti. Confía en mí. Aparte de que tiene cincuenta y tantos años y que no es mi tipo, es homosexual.
Pedro se sintió aliviado. Paula no había tenido una aventura y las niñas eran hijas suyas. Sin duda.
Y una de ellas estaba gritando para que le hicieran caso.
Pedro tomó a Abril en brazos y se acercó hasta donde Paula estaba vistiendo a Mia. Ella se fijó en su torso.
—Tienes la camisa empapada. ¿Estás bien? —preguntó.
—Seguro que sobreviviré —contestó él—. ¿De verdad que ella está bien?
—Está bien, Pedro. Ha sido un accidente. No te preocupes.
Eso era fácil de decir, pero no de hacer. Sobre todo, cuando más tarde, después de que Paula acostara a las niñas, ella le hizo quitarse la camisa y vieron que tenía la piel enrojecida. Si hubiera sido Mia…
—Pedroo. ¡Me dijiste que estabas bien! —lo regañó ella, y después le echó una crema sobre la parte afectada.
—¿Qué es eso? —preguntó él con nerviosismo. Hacía mucho tiempo que no sentía sus dedos sobre la piel.
—Gel de áloe vera —murmuró ella—. Es bueno para las quemaduras.
Cuando ella levantó la vista y lo miró a los ojos, él se quedó sin respiración.
La deseaba.
—Pau…
Ella dio un paso atrás al oír cómo susurraba su nombre y tapó el bote de crema con manos temblorosas.
—Necesitas una camisa limpia. ¿Tienes alguna?
—Sí, en el coche. Tengo una maleta.
Ella lo miró con los ojos bien abiertos.
—¿Pensabas quedarte? —le preguntó.
—Oh, sí. Sí, Pau, voy a quedarme, porque ahora que te he encontrado no volveré a perder a mis hijas de vista.
Buenas Noches, espero que les guste, comenten y nos leemos mañana. @patty_lovepyp
Hay me gustaaaa!!! Espero el proximo! :)
ResponderEliminarQue linda novela.... subi mas capitulos x fis!!!!
ResponderEliminarbuenísimo,me encanta...seguí subiendo!!!
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