viernes, 28 de junio de 2013

Capitulo 27 - Milagro de Amor 

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Se despidió con un beso y se marchó enseguida. Paula aprovechó para llamar a Andres.
—Hola, ¡creo que tengo que darte la enhorabuena!
—Ah, Zai te lo ha contado. Sí… Y gracias.
—¿Estás contento?
—Sí. Se llama Joel, y es arquitecto. Quiere que vaya a vivir con él.
—¡Andres! Me alegro mucho por ti —le dijo—. Lucas te echará de menos, pero no te preocupes, me quedaré con él. Y así podrás verlo cuando quieras.
—¡Estupendo!
—Andres , quería preguntarte una cosa. Mi marido ha vuelto a aparecer en mi vida y estamos buscando la manera de seguir adelante. Nos gustaría encontrar una casa por aquí y se me había ocurrido que si nos vendieras la tuya, él podría montar la oficina en uno de los establos.
—Sí.
—¿Qué?
—Que sí, que te venderé la casa. Por supuesto que sí.
—¿De veras?
—De veras. Y me alegro de que volváis a estar juntos. Es evidente que lo quieres.
—Oh, Andres, gracias. No puedes imaginarte lo que esto significa para mí. Llamaré a alguna agencia inmobiliaria para que nos la tasen.
—No te molestes. Tengo un amigo que tiene una. Él conoce la casa y nos podrá decir un precio justo. Si a ti te parece bien, lo llamaré.
—Claro, por supuesto. Dímelo en cuanto hayas hablado con él. Y si Pedro contesta el teléfono, no se lo digas, ¿de acuerdo? Quiero que sea una sorpresa.
Andres se rió.
—Muy bien. ¿Cómo están las niñas?
—Preciosas. Ya están intentando andar. Tengo que dejarte, queMia se quiere salir del parque. Hablamos pronto. Besos.
—Besos, y cuídate.
Paula tomó a las niñas en brazos y las llevó al salón.
Les puso un montón de juguetes en el suelo y se sentó en el sofá, para llamar a Zai y contarle las novedades.


—Pues ésa es mi intención. Y si no es lo que tú quieres, lo comprenderé. Necesito un buen equipo en la sede, y no sé si va a ser factible recolocar a todo el equipo en el campo, así que, de momento, estoy haciendo un sondeo.
Andrea y Agustin permanecieron en silencio.
—Lo siento —dijo él, al ver su cara de asombro—. Es una locura. Olvidadlo.
—No, no quiero olvidarlo —dijo Agustin—. No tenemos por qué estar en Londres. De hecho, Dana ha estado hablando de marcharnos de la ciudad. Lo habríamos hecho antes de no ser porque mi trabajo estaba aquí.
Lo que propones podría estar bien. A mí me valdría.
«Genial», pensó Pedro, y miró a Andrea.
—¿Algún comentario?
—Yo no puedo irme. Mi hija está a punto de dar a luz y necesita que yo esté cerca. Es discapacitada, y no es fácil.
—¿Y vive en Londres?
—Sí. Bueno, a las afueras. Su marido es piloto en el aeropuerto de Stansted. Viven cerca de Stratford.
—¿Y contemplarían la posibilidad de mudarse? Stansted está a una hora del pueblo, o menos. ¿Cuarenta minutos? Y me aseguraría de que recibierais una buena compensación. Lo que sea necesario, Andrea. Si quiero trasladar toda la empresa, y teniendo en cuenta que quiero formar algo mucho más manejable para todos nosotros, necesitaré que las personas clave estén a mi lado. 
—Sólo llevo contigo seis meses, Pedro. ¿Cómo puedo ser una persona clave?
—No te lo imaginas —dijo él—. No es fácil trabajar conmigo.
—Ya me he dado cuenta.
Pedro miró el reloj.
—Tengo que irme. ¿Pensaréis en ello? Y si creéis que puede interesaros, haremos una reunión con el resto del equipo. Ah, y no quiero que Pau se entere de esto hasta que tenga algo concreto que contarle.
—¿Cómo podemos contactar contigo?
—Tengo un teléfono móvil nuevo. Lo he comprado de camino aquí. Y si pudieras conseguirme un ordenador portátil con toda mi información, sería estupendo. Voy a llamar a Diego a Nueva York.
—Eso, ¿qué pasará con Nueva York? —preguntó Andrea.
—Te lo diré cuando hable con Diego.
—Él no puede mudarse a Suffolk.
—No… Pero puede comprar parte de la empresa. Lleva años hablando de ello.
Ambos lo miraron como si fuera un ***** raro.
—Hablas en serio, ¿verdad? —preguntó Agustin. Pedro asintió y se puso en pie.
—Oh, sí. En mi vida he hablado tan en serio.
Por la tarde, Paula quedó con un arquitecto para que le hiciera los planos y el presupuesto de la reforma del establo. En cuanto lo tuviera, le contaría el plan a Pedro.
Si es que llegaba a casa.
Era tarde. Muy tarde. Casi las diez…
Aprovechando que las niñas estaban dormidas, decidió darse una ducha antes de que llegara. Se quitó la ropa y se metió bajo el agua caliente.
—¿Pau?
No había rastro de ella, pero las luces estaban encendidas y se oía correr el agua en el baño del piso de arriba.
Estaba en la ducha.
Pedro subió por las escaleras, se quitó la ropa y, aprovechando que ella estaba de espaldas, se metió en la ducha y la agarró por la cintura.
Ella gritó y comenzó a reír. Él le dio la vuelta y empezó a besarla bajo el chorro de agua.
—Me has asustado —dijo ella, separándose para tomar aire.
—Lo siento —se echó champú en la mano y comenzó a masajearle el cuero cabelludo.
—Oh, es estupendo —dijo ella, y apoyó la frente en su torso.
Cuando le aclaró el cabello, ella sonrió y le dio el bote de gel.
—No pares.
Él arqueó una ceja, se echó un poco de gel en la mano y comenzó a enjabonarle el cuerpo. Los pechos, el vientre, la entrepierna…
—¡ Pedro!
—Shh. Ven aquí —dijo él, y la tomó en brazos para colocarla sobre el—. Oh, Pau.
La besó, se apoyó en la pared y comenzó a moverse.
—¡ Pedro!
—Tranquila, te tengo bien sujeta —dijo él y Pau solo se dejó llevar.

Uno menos y quedan dos, disfrutenlo :) Muchas gracias a todos los que siempre comentan. Pdta: comenten jaja @patty_lovepyp

4 comentarios:

  1. me encantaron los caps!! hay manera de convencerte de que la sigas hasta el cap 100 aunque sea?? por favor me encanta la nove son re tiernos hasta con las nenas porfass seguila un tiempito masss ;)

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  2. Cómo q quedan 2 nada más???? Quiero más de esta bella historia please!!!!!!!!!!

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  3. Solo puedo repetir que me encanta y, aun con nostalgia porque ya se termina, disfruto esta historia a full. Hermosa historia. Gracias por escribir ✿

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  4. buenísimo,me encanta!!!

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